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Mensajero de san Antonio
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Casa del Pellegrino

  historia y arte

 

EL EXTERIOR

Vista de la Basílica de San Antonio

La actual Basílica es en gran parte el resultado al que se ha llegado a través de tres reconstrucciones, que se sucedieron en el arco de unos setenta años: 1238-1310.
En los tiempos de San Antonio aquí se encontraba la pequeña iglesia de Santa María Mater Domini, más tarde englobada en la Basílica como Capilla de la Virgen Mora.Junto a ella, en 1229, surgió el convento de los frailes fundado probablemente por el mismo San Antonio.

Muerto en 1231 en la Arcella, al norte de la ciudad, donde había un monasterio de clarisas, su cuerpo -según sus deseos- fue transportado y enterrado en la pequeña iglesia de Santa María Mater Domini.
El primer núcleo de la Basílica, una iglesia franciscana de una sola nave con ábside corto, fue iniciado en 1238; posteriormente se añadieron las dos naves laterales y al final se transformó todo en la espléndida construcción que hoy admiramos.


 

El INTERIOR

IInterior de la Basílica de San AntonioSi vamos al inicio de la nave central, se notará en seguida como la arquitectura, aun siendo gótica en la parte exterior, es claramente diferente en dos partes: la de las naves (donde estamos) y la del ábside, más allá del crucero. No sólo porque esta última esta completamente pintada al fresco, sino sobre todo por la diferente tipología de gótico.

El área de las naves es muy espaciosa, modualdo a ambos lados por dos tranquilas y solemnes naves. Sobre ellas, tanto a la izquierda como a la derecha, corre una galería, que acompaña a la nave central, para después encerrar todo el crucero.

Más que los restos de decoraciones y pinturas, impresionan los numerosos monumentos fúnebres, que revisten pilares y otros espacios y que se remontan sobre todo a los siglos XV-XVII. Hoy, a nosotros nos gustan más las iglesias libres de estos restos del pasado.No hay que ignorar el valor artístico de algunos monumentos y el hecho de que éstos constituyan una interesante representación de la vida civil y cultural de la ciudad y de la región. La presencia de estos monumentos fúnebres no interesa a la mayor parte de los visitantes.

Antes de dejar la nave central, obsérvese en la contrafachada el gran fresco de Pietro Annigoni, acabado en 1985, que representa a San Antonio que predica desde el nogal. El hecho tuvo lugar en Camposampiero (Padua), donde el Santo, justo antes de morir, transcurrió un breve periodo de descanso y de recogimiento (de la segunda mitad de mayo al 13 de junio de 1231).

A la gente (sencilla o enferma, indiferente o curiosa; gracioso el contrapunto de los tres niños) y a sus frailes (a los pies de la escalera está el beato Lucas Belludi, sucesor de San Antonio) el Santo les indica el Evangelio como fuente de luz y de vida.


La Virgen del Pilar

Stefano da Ferrara, La Virgen del Pilar, siglo XIVEn la primera columna de la nave izquierda se puede admirar la Virgen del Pilar. Fue pintada al fresco, algunos años después de la mitad del siglo XIV, por Stefano da Ferrara.

No hay que prestar atención a los ángeles que están encima y a los dos apóstoles de los lados, ya que se añadieron posteriormente. Las brillantes diademas en la cabeza de la Virgen y del Niño se remontan seguramente al siglo XVII.

Sobre el primer altar a la izquierda está el retablo de San Maximiliano Kolbe, pintado también por Pietro Annigoni en 1981.








 

La Capilla del Santísimo

L. Polliaghi. Capilla del Santísimo, 1926-1936Es la primera capilla de la nave derecha. Se conserva la Eucaristía. Antiguamente se llamaba Capilla de los Gattamelata construida por deseo de la familia del condottiere Erasmo da Narni (llamado Gattamelata, †1443) como lugar para su tumba, que se puede ver en la pared izquierda; a la derecha en cambio está la tumba del hijo Giannantonio (†1456).

La capilla, en estilo gótico, fue acabada en 1458. Su planta es cuadrada, con cuatro columnas en las esquinas y la bóveda baída con aristas.

Todo lo demás ha sufrido distintas colocaciones a lo largo de los siglos.
La última, que incluyó también el ábside de detrás del altar, se remonta a los años 1927-1936 y es obra de Ludovico Pogliaghi, artista asimilador y versátil.









La Capilla de Santiago


Capilla de Santiago, vista general, 1374Siguiendo por la nave derecha, se llega al crucero que termina con la Capilla de San Jaime, querida por Bonifacio Lupi, marqués de Soragna (Parma) con importantes encargos diplomáticos y militares con la familia Carraresi, nobles de Padua.

El elegante y gallardo ambiente gótico fue realizado a finales de los años 70 del siglo XIV por uno de los mayores arquitectos y escultores venecianos de la época, Andriolo de Santi.

La capilla se abre hacia abajo con cinco arcos trilobulados.


 

La Crucifixión

Donatello, Crucifixión, detalle, 1444-49Inmediata es la sugestión que atrae al visitante y lo encierra en la cálida atmósfera de los mármoles y de los frescos, acabados de restaurar en el año 2000, que recubren toda la superficie interna de la capilla.

La mirada se dirige inmediatamente a la grandiosa y dramática Crucifixión, obra maestra de Altichiero da Zevio (Verona), el mayor pintor italiano de la segunda mitad del siglo XIV, que lo realizó también en los años 70, cuando se estaba acabando la capilla.

Historia de San Jaime - Las ocho lunetas de la capilla y un compartimiento nos presentan algunos momentos de la historia de San Jaime, sacados de la Leyenda anctorum o aurea de Jacopo da Varazze (1255?). En aquel entonces era un texto muy difundido con intenciones devocionales y que daba mucho espacio a tradiciones y leyendas y al que muchos artistas acudieron abundantemente.
El apóstol es Santiago el Mayor (hermano de San Juan), cuyo santuario de Compostela (Galicia - España) era una de las grandes metas de peregrinación de la cristiandad, especialmente en los siglos X-XV. El autor de los frescos es también Altichiero da Zevio, pero con la colaboración de Jacopo Avanzi, artista de Bolonia, cuya mano no se distingue siempre con facilidad.

Siguiendo hacia el deambulatorio, se deja a la derecha la salida que lleva al Claustro de la Magnolia y, más adelante, la entrada a la Sacristía; a la izquierda, en cambio, el conjunto presbiterio-coro cerrado por una magnífica cortina de mármol. Se llega así a la primera capilla del deambulatorio.


La Capilla de las bendiciones

Capilla de las Bendiciones, vista general En esta capilla a los fieles les gusta que se les bendigan objetos personales, como recuerdo permanente y visible del encuentro de gracia ocurrido en la Basílica. Pero lo que llama la atención son otra vez los frescos de Pietro Annigoni, que representan una concisa síntesis sobre un tema que nos aparece que emerge con mayor evidencia: la tragedia del pecado.

El sermón a los peces, a la izquierda (1981). El episodio, según la fuente más antigua, Actus beati Francisci et sociorum eius (1327-40), ocurrió en Rimini en 1223, en la desembocadura del río Marecchia.

Allí, el Santo, visto que su predicación era boicoteada por los herejes y los cátaros, se fue a hablar con los peces, que llegaron en gran número saliendo fuera de las olas.

El artista nos presenta al Santo que se apoya seguro sobre una gran piedra (aludiendo a Cristo) en el acto de mediador de una fe 'representada' por el acudir vivaz de los peces hacia su Creador. Junto a él, un compañero de fe tambaleándose mira lleno de miedo el tumulto que llega. Además del Santo, más que las partes impresiona el conjunto: hombres y cosas, todo está mezclado y parece que se derrumba. Así es como acaba el mundo que renuncia a Dios.


P. Annigonni, Crucifijo, 1981El Santo se enfrenta al Tirano Ezzelino da Romano (1982). Según la Chronica del notario padovano Rolandino (1262), el hecho que narra el cuadro sucedió poco tiempo antes de que el Santo se retirara al Eremo de Camposampiero, por lo tanto en mayo de 1231.

Llamado por los amigos de Ricardo de San Bonifacio (Verona), secuestrado con otros nobles del bando gibellino, San Antonio fue a ver a Ezzelino III da Romano, para obtener su liberación. El resultado de la misión fue negativo. El artista representa el encuentro entre los dos personajes en la fase final: una negación que no admite rectificación.

La obstinación del tirano se ve a través del gesto de las manos. Detrás de él, el feroz consejero, representado en su verdadera identidad: el diablo, el engañador. Pero Ezzelino no está tranquilo del todo: se inclina hacia adelante, hacia el Santo, con la boca endurecida por un gesto, intentando escrutar desconfiado la fuente de tanta humildad y valor. Antonio tiene en la mano el Evangelio, pero está cerrado por el tirano.

San Antonio, resignado, se compadece del tirano prisionero de sí mismo. Detrás, la sombra de los prisioneros, empujados por los soldados; unos extraños a los otros.

La Crucifixión (1983). - Las proporciones, la separación y el resalte dado a la pared falsa con la que está representado el Crucifijo suscitan una inmediata y fuerte reacción. La mirada sigue temblorosa las piernas curvadas y desgarradas llenas de sangre de Cristo. El pecho está alargado hacia abajo y el abdomen hinchado, como sucede en estos condenados. Los brazos están cruelmente estirados y todo el cuerpo parece derrumbarse. El rostro es un tormento. Alrededor, la atmósfera húmeda y cargada está atravesada por un relámpago: única señal, para no dispersar la atención, del eco de la naturaleza. Arriba, en medio, una luz carmesí, de amor y de sangre, revela el sentido y exalta el sufrimiento del sacrificio de Cristo, que parece susurrar: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?".

Saliendo de la capilla, miramos hacia arriba para levantarnos el ánimo en las serenas y altas bóvedas de la parte del ábside de la Basílica. Proseguimos a través del deambulatorio, dejando a la derecha la Capilla americana o de Santa Rosa de Lima (1586-1617) patrona de América, de Filipinas y de la India occidental; a la que sigue la Capilla alemana o de San Bonifacio (673-755), gran evangelizador de Alemania; finalmente la Capilla de San Esteban, primer mártir cristiano, que contiene claros y ágiles frescos hechos por el italiano Ludovico Seitz (1907), fecundo pintor del movimiento de los "Nazarenos".

Se llega así, siguiendo siempre por nuestra derecha, al centro del deambulatorio desde donde llegamos a la Capilla del Tesoro.


La Capilla del Tesoro


F. Parodi, Capilla del Tesoro, panorámica, 1961 Esta capilla, iniciada en 1691, obra barroca de Parodi, alumno de Bernini, ha encontrado un espacio justo en la Basílica, sin contradecir la coherencia gótica.

La arquitectura se transforma delante de nosotros en un triunfo, que empieza en la balaustrada con sus seis estatuas de mármol, de Parodi.

Más allá de la balaustrada, el paisaje consiente a los visitantes admirar el 'tesoro' de la Basílica, que da el nombre a la capilla y que está recogido en tres nichos separados por pilares acoplados y sostenidos por parejas de ángeles.

Recuerdos del Santo (delante de la balaustrada). Antes de subir hacia los nichos, detengámonos a observar algunos recuerdos de San Antonio, que en 1981 fueron puestos en el área y en las paredes que están delante de la balaustrada.

En enero de 1981, con ocasión de los 750 años de la muerte del Santo, intentando precisar el estado de los restos mortales de San Antonio, nominadas con tal fin una "comisión religiosa pontificia" y una "comisión técnico-científica", se abrió la tumba de San Antonio, por segunda vez en la historia. (Véase la página del reconocimiento). Se encontró:
una gran caja de madera de abeto, recubierta por cuatro telas de lino y, sobre ellas, dos mantos dorados refinadamente bordados;

en el interior de la gran caja, se encontró una segunda caja más pequeña (también de madera de abeto) con dos compartimientos desiguales y con la tapa cerrada por una cuerda con tres sellos; en el interior tres envoltorios de seda roja-carmesí refinadamente bordados (obtenidos probablemente de una capa pluvial) y con ricos bordados aplicados, cada uno marcado por un escrito en pergamino cosido indicando el contenido, es decir:

  • todo el esqueleto, excepto el mentón, el antebrazo izquierdo y alguna otra parte menor;
  • los otros restos, en gran parte en estado de polvo;
  • la túnica, en tejido de lana de color ceniza.
  • en el exterior de la gran caja en el nicho que la contenía se encontró:
  • una lápida con las fechas de la muerte del Santo, de su canonización y del traslado de sus restos de la pequeña iglesia de Santa María Mater Domini a la nueva Basílica (8 de abril de 1263)
  • bastantes aros (10 blancos y 50 negros) de un collar o una corona.


Giuliano da Firenze, Relicario de la Lengua de San Antonio, detalle, 1436Para comprender un poco todo esto, tenemos que remontarnos a 1263. Acabada la segunda fase de construcción de la Basílica, con ocasión del 'capítulo general' que reunía en Padua a los franciscanos, y siendo ministro general de la Orden San Buenaventura, se trasladó la tumba del Santo de la pequeña iglesia de Santa María Mater Domini al centro de la Basílica, bajo la actual cúpula cónica (delante del presbiterio).

En aquella ocasión se abrió por primera vez el ataúd que contenía los restos del Santo, sobre todo para extraer algunas reliquias que ofrecer a la devoción de los fieles también en otras iglesias.
Grande fue la sorpresa al ver todavía incorrupta su lengua. Fue entonces que San Buenaventura, con el corazón lleno de admiración, rezó en voz alta:

¡Oh lengua bendita, que siempre bendijiste al Señor, e indujiste a los demás a bendecirlo; ahora vemos con claridad cuántos méritos adquiriste ante Dios!

Se decidió entonces conservar la lengua del Santo, el mentón, el antebrazo izquierdo y alguna otra reliquia menor. Todo lo demás se puso en los tres envoltorios de seda roja-carmesí, de los que ya hemos hablado, y se colocó en una pequeña caja y ésta, a su vez, en la caja más grande.

El reciente reconocimiento de 1981 ofreció la oportunidad de realizar las investigaciones adecuadas de carácter histórico, técnico y artístico, antropológico y médico, sobre todo el material que se encontró. El esqueleto del Santo fue después recompuesto sobre una colchoneta y puesto en una caja de cristal. En ella fueron colocadas dos pequeñas urnas en cristal con los otros restos. La caja de cristal fue posteriormente encerrada en un ataúd de roble y puesta de nuevo en la tumba.

Se han dejado expuestos en esta Capilla del Tesoro:
la túnica del Santo, las dos cajas de madera, la cuerda de los dos sellos, las tres telas de seda roja-carmesí recompuestas en capa pluvial, las dos grandes telas doradas, la lápida, las monedas y los aros. Todo cosas que se pueden observar con devoción.

Relicario del Mentón de San Antonio, 1349Subiendo por la izquierda se encuentran los tres nichos que encierran algunas reliquias de San Antonio y de otros santos, pero sobre todo un gran número de donaciones ofrecidas como reconocimiento o devoción por ilustres peregrinos del pasado al Santo de Padua. Pero lo que tiene que centrar la atención son las más prestigiosas reliquias de San Antonio, que se encuentran en el nicho central. La lengua del Santo (en el centro). No hay que esperar ver una lengua de color rojo vivo. Pero lo que se ve constituye igualmente un hecho inexplicable, ya que se trata de una parte anatómica muy frágil y una de las primeras que se desintegra después de la muerte. Ahora han pasado más de 770 años de la muerte del Santo y su lengua constituye un milagro perenne, único en la historia y lleno de significado religioso, como sello de la obra de evangelización de la sociedad por obra del Santo.

Digno de acoger una reliquia de tanto valor es el finísimo y delicado relicario, obra maestra de armonía y de gracia, en plata dorada, obra de Giuliano da Firenze (1434-36). La reliquia del mentón (arriba). Más exactamente se trata de la mandíbula, colocada en un relicario concebido como un busto, con aureola y cristal en lugar del rostro. Fue encargado en 1349 por el cardenal Guy de Boulogne-sur-Mer, que obtuvo un milagro del Santo. Él mismo lo llevó a Padua al año siguiente, y de forma solemne colocó el mentón en este relicario (en plata dorada). Los cartílagos de la laringe (abajo). Éstos, todavía conservados, que son los instrumentos de la fonación, o sea de la palabra, en seguida llamaron la atención, a pesar de no constituir un hecho inexplicable como la lengua, en el reciente reconocimiento de 1981. Se pensó entonces colocarlos a la vista junto a la lengua del Santo. El relicario es obra del artista de Treviso Carlo Balljana.

Saliendo de la Capilla del Tesoro y siguiendo a la derecha, encontramos: la Capilla polaca o de San Estanislao († 1079), obispo y mártir, patrón de Polonia; después la Capilla austrohúngara o de San Leopoldo (1075-1136), margrave y patrón de Austria; a continuación la Capilla di San Francisco; y finalmente la Capilla di San José.

 

La Capilla de la Virgen Mora

Rinaldino di Puy Darlieux, 1396Un poco más adelante, también a la derecha, se entra en la Capilla de la Virgen Mora.

Nos encontramos en el lugar de la antigua iglesia de Santa María Mater Domini (finales del s. XII - principios del s. XIII) englobada en la actual Basílica. Aquí seguro que rezó San Antonio y aquí quería ser llevado cuando se le acercara la muerte. En ella fue enterrado hasta 1263.

La estatua de la Virgen Mora que domina el altar fue realizada en 1396 por Rainaldino di Puy-l' Evéque, un artista gascón. La gente de Padua la llamó 'Virgen Mora' por el rostro oscuro, pero el título demuestra sobre todo su relación de familiaridad.

Al norte se abre la Capilla del beato Lucas Belludi, llamada también de los Santos Felipe y Santiago el Menor, apóstoles. Se añadió al conjunto de la Basílica en el siglo XIV, y se llama del Beato Lucas, compañero y sucesor de San Antonio, porque debajo de la mesa del altar se encuentra su tumba. Aquí, a menudo se paran los estudiantes de Padua, que se encomiendan a la intercesión del beato en su difícil tarea en los estudios.

La capilla fue al principio dedicada a los santos Felipe y Santiago. Muy interesantes son los frescos del florentino Giusto de' Menabuoi, que se remontan también a la segunda mitad del siglo XIV (1382). Perdidos a causa sobre todo de la humedad, fueron recuperados recientemente por una restauración de gran éxito que valorizó el notable nivel artístico.

El sarcófago colgante actualmente está vació. El altar es del siglo XIII y parece que de 1263 a 1310 fue el altar-tumba de San Antonio, colocado delante del presbiterio de la Basílica, debajo de la cúpula cónica.

 

La Capilla de la tumba de San Antonio


Capilla de San Antonio, panorámica, siglo XVILa tumba del Santo fue llamada desde el principio 'Arca'. En esta capilla, debajo de la mesa del altar y a una altura de hombre, se encuentra la tumba del Santo, colocada ahí después de haber estado de 1231 a 1263 en la pequeña iglesia de Santa María Mater Domini (hoy Capilla de la Virgen Mora) y desde 1263 a 1310 en el centro de la Basílica, delante del presbiterio, debajo de la actual cúpula cónica; es incierta, en cambio, la colocación de la tumba de 1310 a 1350 (que puede haber sido incluso la actual). Desde 1350 ha estado siempre en esta capilla.

Hasta principios del siglo XVI el estilo con el que estaba decorado la capilla era el gótico, pintada al fresco por Stefano da Ferrara, el mismo autor de la Virgen del Pilar.

La decoración actual, del siglo XVI, muy unitaria del punto de vista arquitectónico y escultórico, parece que debe atribuirse a Tullio Lombardo.
El altar es más bien sobresaliente, pero el artista Tiziano Aspetti (que lo realizó hacia finales del siglo XVI) estaba condicionado por la altitud difícil de modificar de la tumba, seguramente precedente. Las estatuas del altar (San Antonio entre San Buenaventura y San Ludovico de Anjou) son del mismo artista, mientras que otros artistas realizaron los ángeles que llevan los cirios y los dos pequeños candelabros.

Los más grandes y esbeltos, sobre soportes de ángeles de mármol, fueron creados por Filippo Parodi.

Altorrelieves que acompañan el itinerario alrededor de la tumba. - Con un poco de atención y de buen sentido se puede acordar, para quien los desee, una parada de recogimiento en la tumba del Santo con un vistazo general a los nueve altorrelieves que la capilla nos propone.

  1. San Antonio recibe el hábito franciscano. Obra de Antonio Minello (1517).

  2. El marido celoso, cuya mujer, apuñalada por celosía, es curada por el Santo. El trabajo iniciado por Giovanni Rubino (llamado el 'Dentone'), fue acabado por Silvio Cosini (1536).

  3. El joven resucitado por el Santo. El Santo, prodigiosamente trasladado a Portugal, resucita a un joven para que revele la identidad de su verdadero asesino para disculpar al padre de Antonio, en cuyo huerto se había escondido el cadáver. Iniciado por Danese Cattaneo, fue acabado por Girolamo Campagna (1573).

  4. La joven resucitada. Se trata de una chica ahogada, resucitada por el Santo, que en la representación no aparece aunque arriba se ve su Basílica. Es obra de Jacopo Sansovino (1563). Realización bien precisa y muy vigorosa.

  5. El niño resucitado. Se trata del sobrino de San Antonio. Obra de Antonio Minello con retoques de Sansovino (1536).

  6. El corazón del usurero muerto no se encuentra donde tenía que estar, sino en su caja fuerte, como había dicho el Santo. Obra de Tullio Lombardo (1525).

  7. San Antonio reinjerta el pie a un joven, que por desesperación se lo había cortado después de haber dado una patada a su madre. Es evidente la mano de Tullio Lombardo (1504).

  8. El vaso que se quedó intacto, después de haber sido lanzado al suelo para desafiar a una persona que no creía en la predicación ni en los prodigios realizados por San Antonio. Iniciado por Giovanni Maria Mosca, fue acabado por Paolo Stella (1529).

  9. San Antonio hace que hable un recién nacido, para que atestigüe la fidelidad de la madre, injustamente acusada por el marido celoso. Obra de Antonio Lombardo (1505), hermano de Tullio.

 

El conjunto coro-presbiterio

Presbiterio de la Basílica de San AntonioPara visitar este sector de la Basílica es necesario dirigirse a uno de los custodios.

La decoración de la parte del ábside de la Basílica. La decoración pictórica que recubre la parte del ábside de la Basílica fue realizada por el pintor de Bolonia Achille Casanova y otros, entre 1903 y 1939, basándose en un amplio proyecto iconográfico que no presentamos aquí. La intervención fue muy criticada, porque era demasiado escolástica y molestaba las líneas arquitectónicas que habría tenido que acompañar con simpleza y discreción. Pero sería reductivo ver sólo esto. La obra tiene efectivamente algo grandioso y es sin duda única. Cuando la Basílica está correctamente iluminada, nos quedamos fascinados por una viva e intrigante emoción.

Abajo, el coro: con este término hablamos tanto del ambiente de detrás del altar mayor como de todo el conjunto de la sillería donde se colocan los religiosos para la celebración de la "Liturgia de las horas", que es la oración oficial de la Iglesia en el mundo, y durante la cual no falta nunca el recuerdo por todos aquellos que se encomiendan a la oración de los frailes.

Hasta el año 1649 el coro se encontraba delante del actual altar, en el presbiterio. Así fue hasta el Concilio de Trento en la mayor parte de la iglesias que tenían coro, como se puede ver todavía hoy en las iglesias anglicanas; posteriormente el coro se fue gradualmente llevando detrás del altar para permitir a los fieles ver mejor el altar y seguir con mayor atención la liturgia. La actual sillería del coro de la Basílica se remonta a la segunda mitad del siglo XVIII. La anterior, obra maestra gótica de los hermanos Lorenzo y Cristoforo Canozzi y otros artistas (1462-69), fue destruida por el incendio de 1749.

El candelabro pascual: obra maestra de Andrea Briosco. En la parte norte del altar se puede observar el magnífico candelabro pascual en bronce de Andrea Briosco, llamado el 'Riccio', acabado en 1515. No sólo por sus dimensiones (3,92 metros más 1,44 metros de la parte baja de mármol), sino también por su complejidad y nivel de realización, es uno de los más importantes candelabros del Occidente cristiano.

El conjunto de Donatello: una grandiosa sinfonía a la vida y a la fe.

Concluimos la visita a la Basílica, observando algunas de las treinta obras que el gran Donatello creó en Padua, de 1444 a 1450, y que constituyen unos de los acontecimientos fundamentales del Renacimiento y de las artes no sólo italianas.

La Deposición. - La obra (que se encuentra detrás del altar mayor) es de piedra de Nanto (Colli Berici, Vicenza). Cuatro discípulos, angustiados por el dolor, colocan el desnudo e inerte cuerpo de Cristo en el sepulcro. Detrás estalla el dolor de las mujeres. En el centro María Magdalena: más que las otras 43 mujeres expresa el horror de haberse quedado sola, en la memoria de su pecado. Y, en la revelación cristiana, es la causa profunda de la muerte.

El milagro de la mula (a la izquierda, más bien hacia arriba, siempre detrás del altar). El artista sitúa el conocido episodio en la grandiosidad de una basílica, delante del altar. Los estudiosos, y no sólo ellos, siguen asombrándose ante la magia de Donatello que sabe dar a espacios reducidos amplitud y profundidad impensables, utilizando líneas, decoraciones y materiales de distinto color. La vista desciende desde los arcos laterales, dilatándose en el correr de líneas transversales, y como una ola recoge las dos masas de hombres y las empuja hacia el altar. Aquí, delante de la fuerte difusión de la luz se advierte la serena calma de la presencia de Dios: lo revelan la santidad y la fe de Antonio por un lado y la voz silenciosa de la naturaleza por otro. El descubrimiento de la presencia de Dios se refleja en las resonancias individuales de los presentes: una única humanidad agitada y hambrientos de Dios, un sinfín de reacciones...

Donatello, al igual que todos los grandes genios, trasciende la cultura de su tiempo y se nos presenta como moderno. Como se puede ver, el relieve muy plano reduce en perspectiva el volumen de los cuerpos, que son aplanados y dilatados adquiriendo así un sugestivo valor pictórico. Esta técnica, de la que Donatello fue maestro, es llamada con el término toscano 'stiacciato', que quiere decir 'aplanado'.

Detrás del altar, a la derecha, el artista nos presenta a San Antonio que hace que hable un recién nacido (para que atestigüe la fidelidad de su madre, injustamente acusada por el marido). Abajo a la derecha: el buey (alado y nimbado para indicar que es el símbolo de un santo, en el caso del evangelista San Lucas); a la izquierda: el león (símbolo de San Marcos).

El altar mayor. El que ahora vemos fue realizado en 1895 por Camillo Boito (hermano del músico Arrigo) y último entre los distintos altares levantados en la Basílica a lo largo de los siglos. Estas variaciones se debieron al cambio de la sensibilidad y de la práxis litúrgica. En el actual se reunieron todas las obras maestras de Donatello, que antes estaban distribuidas en otros lugares de la Basílica. A continuación las describimos uno a uno.

Los 14 pequeños ángeles y el Difunto Jesús. Abajo, a lo largo del lado frontal y en los lados laterales del altar, se colocaron 10 originales ángeles músicos (en diez paneles) y 4 ángeles cantantes (en dos paneles, los del lado de Cristo muerto). Aunque no falta en ellos algo de torpe, porque en el arte de aquella época todavía no se había llegado a una buena representación del niño, estos angelitos suscitan en nosotros una inmediata simpatía por el tesón infantil con el que representan su papel.

En el centro el Difunto Jesús muerto: una página de inquietante ternura.

La puertecita del Tabernáculo presenta a Cristo muerto sentado en el sepulcro (de 1496: no se conoce el escultor). A los lados: a nuestra izquierda, San Antonio reinjerta el pie a un joven (que se lo había cortado desesperado por haber dado una patada a su madre); a la derecha, El corazón del usurero (que no se encuentra en el pecho del usurero, sino en su caja fuerte).

   
Santa Giustina Santa Justina y San Daniel. - Más arriba, sobre el altar, a nuestra izquierda: Santa Justina (joven mártir paduana, cuyo culto se atesta desde fines del siglo V y a la que se le dedicó la gran Basílica en el cercano Prato della Valle); a la derecha, San Daniel (joven diácono de Padua, mártir a principios del siglo IV y cuyos restos descansan en la Catedral).
   
El altar extiende a ambos lados dos alas más bajas sobre las cuales, a nuestra izquierda, tenemos: abajo, el ángel (símbolo de San Mateo) y, arriba, San Ludovico; a nuestra derecha: abajo, el águila (símbolo de San Juan evangelista) y, arriba, San Prosdócimo.
   
San Ludovico d'Angiò San Ludovico de Anjou y San Prosdócimo. San Ludovico (127 - 497), hijo de Carlos II de Anjou, rey de Nápoles: renunció a la sucesión y, antes de aceptar ser obispo de Tolouse, quiso tener una experiencia franciscana. Sus elecciones suscitaron una enorme impresión. Murió a los 23 años.
   
San Prosdocimo San Prosdócimo (segunda mitad del siglo III) fue el fundador y el primer obispo de la ciudad de Padua. Su edad ya avanzada fue reconfirmada por el reciente reconocimiento de los huesos, que reposan en la Basílica de Santa Justina.
   

San Francesco

San Francisco y San Antonio. - A ambos lados de la Virgen, Donatello nos presenta a San Francisco y a San Antonio, grandes protagonistas de la vida religiosa y cultural del siglo XIII.
sant'Antonio
   
Madonna La Virgen y el Niño. El tema central de toda la sinfonía de Donatello. La Virgen es muy joven, también ella en muchas partes incompleta: recién salida de la obra del fundidor, tiene la frescura de la primera creación. Nos impresiona tanta belleza unida a tanta persistencia de dolorosos pensamientos. Nos recuerda un poco a las estatuas antiguas, pero aquí está el modo de la vida y de la historia.
   
Crocifisso

El Crucifijo. - Detrás de la estatua de la Virgen se levanta y domina el espacio el Crucifijo. Como nos dicen las proporciones, éste no fue realizado por Donatello para el altar, sino para ser colocado en medio de la iglesia.
Obsérvese desde abajo. El clavo hincha y endurece las venas transversales del pie derecho. El ojo recorre con gran dolor las piernas arqueadas e inclinadas hacia la derecha, pero todavía no están rígidas. Son impresionantes, de forma especial si les da la luz, el vientre y el pecho, que dejan ver el esqueleto. Los brazos están todavía recorridos por el escalofrío vivo de las venas y de los nervios. El rostro es el de un héroe que infunde belleza y coraje.

   

Sacristía

Basílica de San Antonio, vista de la SacristíaLa sacristía está precedida por un atrio llenos de valiosos frescos. Se atribuyen a un seguidor de Girolamo Tessari (llamado también 'Dal Santo'). Representan dos milagros: San Antonio predica a los peces y el vaso lanzado a tierra que queda intacto (ambos de 1528).

En la luneta sobre la puerta, un bonito fresco de mitades del siglo XIII: La Virgen con el Niño entre los santos Francisco y Antonio.

Entrando a la luminosa sacristía, se admira inmediatamente el arco vivísimo por lo frescos de Pietro Liberi que cantan, con creatividad y contenida fantasía, la gloria de San Antonio (1665).

A la derecha, después de la entrada, la pared está ocupada por un gran armario empotrado, obra de Bartolomeo Bellano (1469-1472). Las diez incrustaciones que lo iluminan son de Lorenzo Canozzi (1474-1477); representan (empezando por la izquierda): los santos Bernardino y Jerónimo, Francisco y Antonio, Ludovico de Anjou y Buenaventura; en los paneles de abajo, naturalezas muertas con libros y objetos litúrgicos. En las otras paredes, telas y óleos de Francisco Suman (1847).

Atravesamos una estrecha salita, y se baja a la elegante sala del capítulo (se llaman capítulos las reuniones oficiales de los frailes). Originariamente estaba decorada por un ciclo de frescos atribuidos a Giotto. Por desgracia ahora quedan pocos restos.



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