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Orígenes de la Presidencia de la Veneranda Arca de San Antonio

German goldsmith's art, Incense boat, 16th cent.La institución de la Veneranda Arca de San Antonio se explica como una necesidad en la propia evolución del fenómeno franciscano. Durante todo el siglo XIV el sentimiento de los orígenes y del espíritu franciscano era todavía muy fuerte y se proyectaba con alternativas contrastadas entre las declaraciones pontificias y el espíritu de pobreza absoluta de sus orígenes.

La divergencia de ideas, a pesar de nacer del mismo espíritu y confluir en la misma finalidad, había provocado, en el seno de las grandes comunidades, pequeñas, constantes y evidentes discrepancias.

El motivo se remontaba al momento cuando en las grandes basílicas franciscanas habían iniciado su construcción, gracias a las donaciones de la devoción popular y a las intervenciones eficientes de las Señorías y de los Ayuntamientos en el dominio de los lugares de la presencia franciscana.

La administración de estos inmuebles pedía constantemente útiles consejos de hombres competentes. En diversos lugares, con el consentimiento de la Santa Sede, se habían elegido e instaurado los llamados "Síndicos Apostólicos" con el riguroso encargo de ocuparse de la administración de los bienes asegurando la finalidad ordenada por los donantes. El convento y la Basílica del Santo se encontraron también en la misma situación y la Veneranda Arca fue instituida con la finalidad de solucionar aquellas divergencias que se habían verificado en el Convento del Santo.

Cuando en 1396, el Ministro general, el b. Enrico d'Asti, hizo una visita canónica al Convento del Santo, siguiendo las disposiciones de S. Francisco codificadas en su regla, se dio cuenta de la situación, y en pleno acuerdo con en el p. Marco de Conegliano, ministro provincial de la Marca Trevisana, y con los frailes del convento, se dirigió al ayuntamiento de Padua para que se nombraran a cuatro "probi viri" con el encargo de administrar, en nombre de la Basílica, ya completada a nivel arquitectónico desde 1310, sus acabados y complementos.

Fue así como nació la actual Presidencia de la Veneranda Arca. Esta fue codificada en seguida por adecuados estatutos, los primeros de los cuales datan de la fecha de su institución, puestos al día a lo largo de los siglos.

Los cuatro "probi viri" se llamaron primero "custodiados" según el uso común del Convento, pero ya desde la instauración, en el estatuto, el Ministro General, los llama también "massari". Ahora se llaman "Presidentes" con un principal "Presidente Jefe".

Simultáneamente al nombramiento de los cuatro "probi viri", a éstos se les agregaron tres religiosos del convento con la finalidad precisa de vigilar que todas las rentas se administraran según la intención y la finalidad ordenada por los que hacían las ofertas, que iban para el culto antoniano, el monumento, las sepulturas, edificación de altares, reparaciones, restauraciones y otros.

Los Estatutos de fundación fueron aprobados por el Ayuntamiento de Padua el 1 de junio de 1396, fecha a la que precedió un Capítulo conventual del Convento del Santo, en que éstos fueron redactados por la comunidad y sancionados, por el p. General y por el p. Provincial. La primera experiencia sugirió alguna modificación, y en 1471, el 28 de diciembre, encontramos una puesta al día y un perfeccionamiento de los mismos estatutos, hecha por el Ministro General, p. Zanetto de Udine. Fueron mejorados "pro ampliori regime".

Dichas puestas al día se confirmaron por parte del alcalde de la ciudad, el 2 de enero del año siguiente. Fueron ampliados posteriormente por el mismo p. General Zanetto en 1477. En el mismo año 1471, el 30 de abril, encontramos un ducal del dux Cristoforo Moro, que confirma los estatutos del p. Zanetto: estaba dirigido al alcalde de Padua, Francesco Venier.

En 1479 una bula de Sixto IV "Cum inter caeteran" aprueba y regula la administración referida a la Veneranda Arca. En 1655 surgió una disputa entre la Veneranda y el Ayuntamiento de Padua que quería quedarse con todos los derechos sobre la Basílica del Santo. La Veneranda Arca recurrió al dux, que asumió la cuestión, y desde esa época al Ayuntamiento de Padua se le consultaba su parecer, pero las decisiones las tomaba el dux, excepto la nominación de los Presidentes.

La Presidencia del Arca tuvo que afrontar diversos, por no decir muchos, sucesos en sus siglos de existencia. Además de ocuparse de la relación con el Ministro General de la orden franciscana y con los frailes, donde se remonta la iniciativa de la institución, ésta tuvo que conservar, según la forma de colaboración medieval, estrecho acuerdo con el Ayuntamiento de Padua, cuya intervención se manifestó, en varias circunstancias, necesariamente determinante.

Encontramos documentos de intervenciones en sucesiones de tiempo: en 1424, 1426, 1432, 1447, 1455, 1456, 1467, 1469, 1480, 1485, 1486, y después casi cada año. Los temas y los motivos de colaboración son de lo más variado.

De 1503 a 1517 tuvo lugar una interrupción obligatoria, en el periodo de la liga de Cambray entre Venecia y Maximiliano de Austria, después de la cual la Veneranda Arca se encontró ocupada en la reconstrucción de buena parte del Convento, malparado por la guerra. La colaboración se reprendió estrecha, ya a menudo con la participación, en pleno derecho, del ministro General de la orden de los menores, durante los siglos siguientes.

La Veneranda Arca se ocupaba de todo el conjunto antoniano, desde la restauración del monumento hasta las nuevas iniciativas, desde la liturgia hasta sus contenidos: reliquias, paramentos, platería, desde el archivo a la biblioteca y sobretodo del personal encargado, tanto frailes como laicos.

Anguillara Veneta

La Veneranda Arca adquirió una gran importancia en el periodo de la Señoría de la familia de los Carrara, sobretodo cuando se apoderó de la Castaldía de Anguillara. En la guerra contra Venecia, los Carraresi, concretamente Francesco el viejo, para obtener dinero y medios, presionó a todos los conventos religiosos de Padua y de su dominio, para que le dieran oro y plata. Logró obtener una enorme cantidad del Convento del Santo.

Al final de la guerra tuvo la honradez de devolverlo; la tarea de la restitución correspondió a Francesco el joven, hijo del viejo.

El Convento del Santo tuvo como compensación la donación de la Castaldía de Anguillara, de cuyas rentas la Veneranda Arca obtenía los medios para cuidarse del mantenimiento del monumento antoniano y de los hombre que se ocupaban de él.

La Castaldía de Anguillara fue cedida a la Veneranda Arca el 17 de junio de 1405 con un acto legal del notario Sicco Ricci, llamado Polentone.

Encontramos una serie interrumpida de actuaciones en la finca de Anguillara, sobre las viviendas, los poderes, los campos, la regulación de las aguas del Gorzon. La Veneranda Arca intervino constantemente para mejorar esta propiedad suya y para convertirla en rentable hasta los últimos tiempos en que la conservó.

La Finca de Anguillara tenía que ser visitada personalmente por todos los Presidentes al menos una vez al año. Relevante material de archivo testimonia esta continua atención. La propiedad fue cedida en 1973.

El incendio de 1749 y la supresión Napoleónica y Sabauda

La Veneranda Arca tuvo un papel importante después del incendio de 1749. El Ayuntamiento de Padua y la Serenísima República participaron activamente de forma eficaz.

Muy importante para la Veneranda Arca fue el periodo de la invasión napoleónica con la supresión de las congregaciones religiosas. Fue un asunto bastante doloroso para la comunidad del Santo y para todo el conjunto antoniano.

Si la Basílica y su funcionalidad, y si parte del Convento fue conservado para sus funciones, es mérito de la Veneranda Arca que, no siendo congregación religiosa, no fue perjudicada por la terrible ley.

Fueron sorprendentes aquellas circunstancias en las que el p. Bonaventura Perissuti, junto a la Veneranda Arca, consiguió salvar los relicarios de la Capilla del Tesoro y de la Biblioteca Antoniana. La misma atención encontramos en la Veneranda Arca por la susodicha supresión sabauda ocurrida algunos decenios después.

Méritos de Arte

En cuanto a la parte artística, la Veneranda Arca se ocupó de forma especial. Se remonta a ella, en pleno acuerdo con la comunidad religiosa del Santo, la elección de artistas de fama y renombre para todas las obras importantes.

Hay que afirmar que entre los artistas llamados no hay ninguno de poca importancia. Pensemos en Donatello, Bellini, Tiepolo, Parodi, Sansovino, Lombardo, Briosco, Andriolo de Santi, hasta los más recientes, Seitz, Oppi, Feuerstein, Pogliaghi, y a los ultimísimos Annigoni y Dinetto.

Sin entrar en juicios sugestivos, todos estos artistas son grandes nombres. Ahora, después del Concordato entre el Estado y la Santa Sede, la Veneranda Arca conserva con más precisión y según las nuevas exigencias, sus deberes. Está administrada y regulada por un nuevo estatuto, puesto al día recientemente.

Los componentes de la actual Presidencia nombrados el 20 de marzo de 2006 son:
Nombrados por la Administración pontificia: P. Enzo Poiana, rector de la Basílica y Giuseppe Barbieri.
Nombrados por el Ayuntamiento de Padua: Gianni Berno (Presidente jefe), Giorgio Noventa, Leopoldo Saracini, Giorgio Segato, Mario Silva.

 

Dirección:

Veneranda Arca
Plaza del Santo, 11
35123 Padua
Tél.: 00 39 049/8751242
Fax: 00 39 049/660636

e-mail: veneranda@arcadelsanto.org



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